mayo 30, 2018

¿Encargar una guitarra…?

Hace años leí este artículo de Ervin Somogyi y decidí traducirlo. Si alguna vez has pensado en encargar una guitarra “de luthier”, te recomiendo que lo leas.

ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE LA DIFERENCIA ENTRE LAS GUITARRAS HECHAS A MANO Y LAS HECHAS EN FÁBRICA

Por Ervin Somogyi

A menudo me preguntan qué es lo que hace diferentes a las guitarras hechas a mano de las hechas en fábrica, si son mejores o peores y de qué manera. Son buenas preguntas, si bien complejas. Las guitarras artesanales no son objetos manufacturados en el mismo sentido que lo son las guitarras hechas en una fábrica. Ambas se hacen de manera diferente, con propósito y mercado diferentes, y con diferentes intenciones, objetivos y destrezas. Las fábricas necesitan hacer instrumentos lo suficientemente buenos como para venderlos en un mercado de masas. Los guitarreros necesitan hacer instrumentos que sean herramientas idóneas para los músicos. Comparar una guitarra hecha a mano con una hecha en una fábrica es como comparar un cuadro con una tostadora: cada cual necesita ser juzgado mediante criterios diferentes. Debo dejar claro que no deseo ser hostil ni con los guitarreros ni con las fábricas, sino solo hacer notar lo diferentes que son sus productos a pesar del hecho de que puedan parecer casi exactamente iguales.

Realmente, ¿qué significa hecho a mano?  Obviamente las cosas se hacían a mano, literalmente, hace mucho tiempo, cuando las herramientas eran simples. Pero, ¿qué podría uno pensar si ve que el guitarrero usa fresadoras, sierras de cinta, lijadoras, cepilladoras y herramientas similares? ¿No son las mismas que usan las fábricas? ¿Cómo puede ser algo hecho con ellas hecho a mano? Estas mismas preguntas ya las plantearon los guitarreros americanos en los años 60 y 70 del pasado siglo, debido al uso tan común de las herramientas eléctricas. Tras mucho debate se decidió que la respuesta tenía que ver con la libertad a la hora de usar la herramienta. Es decir, las guitarras se podían considerar hechas a mano si las herramientas podían usarse con un grado de libertad dictado por las necesidades del trabajo y la voluntad del operador. Las herramientas dedicadas y especializadas capaces de una única operación, que son la regla general en las fábricas, no entran dentro de esa definición; tampoco el ensamblaje en serie, aunque sea a mano, de componentes prefabricados con idénticas especificaciones. Estos pasaron a ser los criterios para distinguir lo hecho a mano de lo hecho con objetivos de producción.

Podría ser incluso más cierto decir que las guitarras hechas a mano difieren de las hechas en fábrica principalmente en que estas últimas están producidas en masa, mientras que las primeras no. Aunque esto pueda sonar obvio y tautológico, existe un número de consecuencias de este hecho básico:

1) Reparabilidad a largo plazo. Es muy posible que, a la larga, una guitarra necesite ajustes, mantenimiento o reparaciones, lo mismo que un coche. Cosas como los mástiles atornillados, y el hecho de que el técnico de reparación haya trabajado en una u otra marca de guitarra producida en fábrica antes y sepa qué esperar, puede hacer más sencillas esas operaciones. Sin embargo, las fábricas a menudo usan procedimientos y procesos que, aunque rápidos, baratos y sencillos en un contexto industrial, pueden ser difíciles de deshacer o de trabajar con ellos en un entorno posterior, ajeno a la fábrica. Los acabados son un buen ejemplo. Los tradicionales, como la laca evaporativa y la goma laca, son bonitos, pero costosos en términos de la destreza del operador y del tiempo necesario para aplicarlos. El cada vez más popular poliuretano y los acabados catalizados y curados mediante rayos ultravioleta son mucho más sencillos y baratos de aplicar, y tienen un buen aspecto. Sin embargo, no se pueden retocar si han sufrido daños. Para reparar una grieta en la madera de forma correcta, debe eliminarse el acabado antiguo y rehacerse de nuevo. Por otra parte las lacas y la goma laca son, en comparación, sencillas de retocar.

2) Relaciones personales. Cuando un guitarrista trata con un guitarrero individual se establece una relación personal que puede durar años, y que puede llegar a ser importante. Casi con seguridad, el guitarrero estará disponible directamente para responder a cualquier consulta o resolver cualquier dificultad, y sentirá su responsabilidad con el guitarrista por el trabajo hecho. Con una guitarra hecha en una fábrica, no se puede tener esta relación con quien la hizo. El guitarrista deberá establecer la mejor relación posible bien con la tienda donde compró el instrumento o con la marca misma, a través de su departamento de ayuda al cliente.

3) Variaciones, características y opciones. Las guitarras de fábrica se hacen siguiendo especificaciones estrictamente fijas y en grandes cantidades. Cada una será lo mismo en todos los aspectos, y si el guitarrista desea algo un poco más grande o más pequeño, o diferente en cualquier sentido, no podrá tenerlo a menos que pague un extra por hacerlo a medida. Un fabricante individual puede suministrar un instrumento hecho a medida en muchos sentidos. Según evolucionan tanto los estilos musicales como las técnicas de interpretación, existe un deseo cada vez mayor de instrumentos con diferente tiro, acción, anchura y contorno del mástil, tamaño de los trastes, espacio entre las cuerdas, afinaciones, tonalidades, electrónica, madera, forma y tamaño de la caja, etc. Sin embargo, la proliferación de variables de diseño complica la producción. Me contaron que, en Japón, muchos clientes japoneses demandan guitarras exactamente iguales a la de algún personaje concreto, porque así se hacen las cosas en esa cultura. El modelo de fábrica sirve esta necesidad. En los Estados Unidos, sin embargo, resulta muy habitual que los músicos se quejen, por ejemplo, de que el mástil en cierta marca de guitarras es demasiado grueso, y sus manos seguramente se cansarían menos si fuera solo un poco diferente — pero todos los mástiles son iguales.

4) Valor y precio. Una guitarra hecha a mano tendrá un precio que refleje su valor real en términos de trabajo y gastos generales de manera más justa que otra de fábrica con el mismo precio. La primera puede llevar 200 horas del tiempo y destreza que una persona ha adquirido concienzudamente; la segunda puede llevar entre 8 y 36 horas de trabajo intensamente repetitivo y automatizado. Una fábrica tendrá como objetivo el precio al que desea vender cierto producto, y hará todo lo posible para que se introduzca en el mercado a ese nivel, incluyendo el uso de partes hechas por otros y el lanzamiento de campañas comerciales. Un guitarrero probablemente querrá hacer algo tan irreprimiblemente bueno como pueda, sin imperativos por motivos de beneficio. Como los instrumentos de fábrica se hacen para venderlos a gran escala y con gran margen comercial, mientras que los instrumentos hechos a mano no, hay mucho más espacio para descuentos dentro del sistema de venta al público de lo que el fabricante individual puede ofrecer. Los descuentos son herramientas de marketing, y a las guitarras de fábrica se les pone un precio de modo que todos en la compleja cadena de oficinas / herramientas / subcontratación / ensamblaje / publicidad / venta / transporte puedan compartir el beneficio. Las guitarras hechas a mano tienen un precio adecuado para que el guitarrero sobreviva.

5) Calidad. Según un portavoz de la industria en un simposio reciente, la calidad, desde el punto de vista de la fabricación, es lo mismo que la replicabilidad de componentes y la eficiencia en el ensamblaje. Es decir, el fabricante masivo considera que la calidad mide lo eficientemente que se pueden hacer las piezas idénticas y lo rápido que se pueden ensamblar los instrumentos de una manera consistente y sin problemas. Desde el punto de vista del músico la calidad no tiene nada que ver con esto, sino con lo fácilmente que se toca y lo bien que suena una guitarra. También es ésta la actitud del guitarrero individual, para quien la eficiencia es importante pero secundaria a su implicación en la creación de una herramienta personal y eficiente para un músico. El principal ideal tras la fabricación en masa de guitarras es hacerlas rápido, sólidamente y de manera rentable. El principal ideal tras los instrumentos hechos a mano es la calidad de sonido y la comodidad. Una guitarra realmente bien hecha casi toca sola.

Si el fabricante masivo considera que la calidad tiene que ver con la eficiencia y consistencia haciendo cosas idénticas, el guitarrero artesano no puede compartir esa visión. Y por razones obvias: existen muchos artesanos trabajando con diferentes niveles de habilidad y talento creativo, y tienen diferentes conceptos de qué es “lo mejor”. Volvamos a la analogía del cuadro y la tostadora para ilustrar esta idea. Un cuadro es algo que alguien hizo y que puede ser bueno o malo, o bello, o repelente, o incluso lleno de sentido para alguien. O quizás ininteligible. Otros pueden ser obra de aficionados o mediocres. Hay algunos interesantes. Algunos pueden ser verdaderamente buenos. Y otros son intemporales, llenos de sentido y verdaderamente grandes. Una tostadora, por otra parte, hará lo que sus diseñadores y fabricantes decidieron que debía hacer, siempre, y si no lo hace, habrá que arreglarla o tirarla. Normalmente no se piensa en una tostadora como un objeto de aficionado, con sentido, expresivo,  manido, evocativo, profundo, ininteligible, interesante o intemporalmente grande. Las tostadoras no son así.

6) Artesanía. Una fábrica llevada inteligentemente opera de manera suave y estandarizada, y no para servir los requisitos cambiantes de cada cliente. Sus prioridades son la automatización de procedimientos y la estandarización dimensional de las partes. Un fabricante individual, por el contrario, generalmente es lo suficientemente flexible e ineficiente como para trabajar a medida en todas las partes donde sea necesario. Esta metodología es esencial debido a la variabilidad innata de la madera: dos tapas de guitarra con idéntico grosor pueden diferir tanto como un 100% en densidad, 200% en rigidez longitudinal y 300% en rigidez transversal. La madera del varetaje varía de manera similar y complica aún más las posibilidades a la hora de elegirla y usarla juiciosamente. Por tanto, mientras que en las guitarras hechas a mano ciertos componentes pueden prepararse a las dimensiones aproximadas en lotes de 6 o más, la selección de estos componentes y sus dimensiones definitivas en el instrumento ensamblado se hacen de forma individual: esta tapa llevará esas varetas en bruto, que serán rebajadas hasta cierta altura que dependerá de la rigidez de la tapa, del tono que produzcan los pequeños golpes de prueba (“tap tone”) y del juicio del guitarrero aplicado a este instrumento único y particular.

Como se mencionó arriba, los niveles de destreza, juicio y actitud entre los guitarreros son variables; en unos están muy desarrollados y en otros no, dependiendo de la experiencia y el talento de cada uno. En mi opinión, actualmente muchos artesanos carecen del suficiente entrenamiento y experiencia, y como resultado muchas guitarras artesanales son menos satisfactorias que las guitarras de fábrica de precio comparable. Cualquier guitarrero que se precie, sin embargo, se esforzará continuamente en aprender mejores técnicas y mejorar su trabajo, porque necesita que su principal activo sea la calidad lograda personalmente. Debe ser bueno para sobrevivir. El propósito y el nivel de habilidad del trabajo de fábrica, por otra parte, tiende a ser constante y predecible y no mejora apreciablemente de un año al siguiente. Éste se basa más en usar las mejores herramientas y plantillas disponibles que en desarrollar la destreza de los trabajadores más allá de lo necesario para operar las herramientas con eficiencia y seguridad y para hacer su trabajo cumpliendo las normas establecidas por el departamento de control de calidad.

Aquí está, de hecho, la distinción esencial entre “hecho a mano” y “hecho en fábrica artesanalmente”. Este último modelo se basa en la división y automatización del trabajo: existe alguien a quien se paga por ejecutar cada paso o hacer cada pieza. Tiene que hacerlo una y otra vez, muchas veces al día, a un nivel que cumpla los criterios de aceptabilidad de la fábrica. Tan a menudo como sea posible, este especialista será sustituido por una máquina. Quien hace guitarras a mano, en comparación, tiene que ser maestro en todas las fases. Debe pasar años para dominar todas las técnicas y, hasta que lo logre, sus guitarras no serán de la más alta calidad en algún aspecto. La necesidad de realizar cada operación siguiendo elevados requisitos de calidad no es diferente de una competición atlética olímpica: tras un simple error el objetivo ya no estará alcanzado. Apuntar tan alto es un esfuerzo sumamente agotador, además de noble.

7) Comodidad y acción. Ya que los instrumentos hechos en fábrica se ensamblan en grandes cantidades, normalmente necesitan pequeños ajustes antes de llegar a las manos de los guitarristas. Las tiendas de instrumentos musicales en Estados Unidos a menudo tienen una persona encargada de ajustar las guitarras nuevas para que el cliente las encuentre cómodas. Desconozco si ocurre lo mismo en otros países, pero me sorprendería que no fuera así. Los ajustes incluyen dejar las cuerdas a una altura cómoda sobre los trastes, evitar los cerdeos, quintar el puente, ajustar la barra de tensión del mástil según el tipo de cuerdas y, en definitiva, todo aquello que sea necesario. Los que fabrican las guitarras a mano, por otra parte, ya habrán hecho estas cosas antes de la entrega porque, en lo que les atañe, una guitarra que no está tan perfecta como sea posible no está lista para ser entregada.

8) Sonido. El estudio de los factores involucrados en la producción del timbre enseña al fabricante de instrumentos que pequeñas variaciones en la estructura en los lugares adecuados pueden dar como resultado diferencias importantes específicas en su respuesta. Ya que hay tantos puntos donde uno puede quitar o añadir un poco de madera, y dado que la diferencia entre “un poco más” y “un poco menos” puede ser crítica en lo que respecta a ciertos aspectos del tono, este estudio lleva años. He aquí el nivel de trabajo en el que se involucra un guitarrero artesano y que se esfuerza en dominar. Finalmente, será capaz de hacer guitarras de calidad consistente, y tendrá clientes consistentemente satisfechos. El método de las fábricas, por otra parte, no puede destinar tanto tiempo a cada guitarra, sino que está basado en tratar de igual manera todos los procesos de ensamblaje. Por consiguiente todas las tapas de un modelo dado tienen el mismo grosor, todas las varetas son igualmente altas, todas las cajas tienen la misma profundidad, y así sucesivamente. El tono de una guitarra se controla prestando atención a las cualidades específicas de los materiales. Sin embargo, el enfoque de las fábricas al tratar todas las partes de manera uniforme soslaya factores importantes. Ya que las tapas y varetas de idéntico tamaño pueden tener el doble de masa y hasta tres veces la  rigidez de sus compañeros en la línea de ensamblaje, las guitarras de fábrica son, esencial y literalmente, conjuntos aleatorios de estas variables físicas. In consecuencia, su calidad sonora se corresponderá a una distribución estadística de tipo normal donde unas pocas serán brillantemente buenas, unas pocas marcadamente malas y la mayoría bastante buenas. En resumen: las prioridades principales del trabajo en una fábrica son la producción, las ventas y las entregas. No es lícito comparar eso con el compromiso personal de hacer algo tan bien como sea posible.

9) Durabilidad. Aquí, de nuevo, las preocupaciones de una fábrica y las de un artesano manual son claramente diferentes. Y por razones completamente lógicas. No hay nada malo en que una fábrica desee vender guitarras al público. Pero cada miembro de este público de guitarristas anónimos tratará su guitarra con mayor o menor celo, usará diferentes cuerdas, tocará de manera diferente, vivirá en diferentes ciudades o incluso en países con climas, temperaturas y humedades diferentes y, en ocasiones, llevará su guitarra a la playa o a la montaña. Esas guitarras deben ser capaces de aguantar todas esas condiciones tan impredecibles. La preocupación de la fábrica es que estos instrumentos no vuelvan e inunden su departamento de garantía con sus problemas e incidencias. Para asegurar que no ocurre, esas guitarras son sustancialmente más robustas de lo necesario. Quienes hacen las guitarras a mano se preocupan de hacer herramientas sensibles y responsivas para músicos que, con bastante seguridad, las tratarán con cuidado. Estas guitarras pueden por tanto hacerse más delicadas y frágiles de manera deliberada. La fábrica no puede permitirse hacer instrumentos frágiles y muy responsivos: cada incremento de la fragilidad se traduce en un incremento predecible de daños y fallos estructurales, y el fabricante se hundiría bajo el peso de las reparaciones por garantía. El guitarrero individual, por el contrario, no se puede permitir construir de manera más robusta de lo necesario: así, sus guitarras serían las mismas que la versión de fábrica pero a un precio superior, y no darían la talla al no tener esa dimensión extra de respuesta que las hace atractivas al comprador. Pronto perecería igualmente.

10) La precisión de la máquina frente al toque humano. Las máquinas hacen la misma operación una y otra vez, con idéntico nivel de precisión: no tienen días malos ni días en que están enfermas, y tampoco se sienten fatigadas o deprimidas. El trabajo manual, por otro lado, siempre resulta alterado por circunstancias humanas fluctuantes como la energía, la atención, la concentración y la destreza. Por estas razones, la mayoría de la gente piensa que las máquinas pueden producir productos de consumo más deseables, más rápidamente, con mayor limpieza y mayor consistencia, así como reducir el tedio inherente a la producción de piezas. Hay mucha verdad en esto.

Pero también es una falacia. Esta relación entre herramientas y artesanía solo se aplica en proporción directa al grado en que máquinas y operaciones están libres de la intervención humana — como en el caso de las fresadoras controladas por ordenador, que llenan las noticias hoy día. Pero tan pronto como los trabajadores de verdad entran en escena, las fábricas ya no pueden escapar de las mismas limitaciones que tiene el trabajo manual y que también sufren los que trabajan manualmente. Esto se hace evidente observando cómo los encargados del control de calidad en una fábrica son capaces de establecer diferencias entre el trabajo de un turno y del siguiente, especialmente cuando hay empleados nuevos. Cualquiera que haya hecho trabajo de fábrica de cualquier tipo sabe que los problemas personales son la parte del león de los problemas de producción. Naturalmente, nadie dice esto en su publicidad.

Esto nos lleva a la diferencia fundamental tras estas diferentes maneras de hacer guitarras. El método que usan las fábricas para evitar el error humano y sus fluctuaciones es eliminar o, cuando menos, limitar todo lo posible, al humano. El método que el artesano usa para evitar el error humano es incrementar su destreza y atención.

11) ¿Es una guitarra hecha a mano necesariamente mejor que otra hecha en una fábrica? No. Muchas guitarras hechas en fábrica son bastante buenas, y muchas otras hechas a mano dejan espacio para mejoras. Que una guitarra hecha a mano sea un éxito dependerá en gran medida de la experiencia del artesano que la hizo y de las cualidades específicas de diseño o tono por las que se le reconoce. Nadie debería sorprenderse de que los que empiezan hagan guitarras de nivel de principiante, mientras que los guitarreros más experimentados las hacen mejores: esto es lo que hace que los instrumentos de los guitarreros maduros y con experiencia sean tan especiales. Por otra parte, resulta considerablemente menos relevante comprar una guitarra de cierta fábrica simplemente porque ésta exista desde hace muchos años. No se trata de la experiencia larga y acumulativa con los materiales, ni tampoco de las mejoras y avances en el diseño si es que entran en conflicto con los beneficios.

12) ¿Son las guitarras hechas en fábrica mejores que las hechas a mano? Según los estándares del personal de las fábricas, sí. Ellos creen que el ensamblaje masivo de piezas prefabricadas y subcontratadas da como resultado productos superiores. Al menos una compañía hace gala de esto explícitamente en su publicidad. Según los estándares del guitarrero individual, es posible que las guitarras de fábrica sean mejores que algunas concretas hechas a mano, por las razones esbozadas anteriormente. Deseo dejar claro de nuevo que las guitarras hechas a mano y las de fábrica están hechas con diferente inteligencia, con diferentes prioridades y para mercados diferentes. El guitarrero no puede competir con la fábrica en el nivel de precios. La fábrica no puede competir con el guitarrero en cuanto a la atención al detalle, el cuidado y el juicio en la ejecución del trabajo.

13) ¿No son las guitarras de fábrica de alta gama, al menos, mejores? Desde el punto de vista del músico, no. Tienen ornamentaciones y equipamiento mucho más extravagantes y también se producen en ediciones limitadas para justificar su precio elevado. Y están destinadas principalmente a un mercado muy diferente — el de los coleccionistas. Para el músico medio, el atractivo de las guitarras de colección deja de serlo por el alto precio; y, para el músico serio, por el hecho de que su esencia, alma y sonido se producen en las mismas condiciones de fábrica y con las mismas premisas que cualquier otro producto de esa misma fábrica — con resultados comparables: variación aleatoria de su calidad musical. Pero el coleccionista tiene intereses diferentes. Él busca el atractivo de lo raro, lo único y el valor futuro como objeto coleccionable, así que su interés principal suele ser la adquisición, así como poseerlo y mostrarlo — no tocarlo o usarlo.

El mercado del coleccionismo de instrumentos musicales de época no es grande pero sí goza de buena salud, y su hambre continua de nuevos productos ayuda a impulsar la producción de guitarras “coleccionables”. Las fábricas responden a la demanda produciendo y anunciando guitarras de edición limitada que tienen, para el comprador, los atractivos requeridos de ser únicas, escasas, raras y de elevado precio. Hay guitarreros individuales cuyo trabajo se busca en el mercado del coleccionismo. Pero, en conjunto, la diferencia entre el trabajo coleccionable de una fábrica y el de un artesano individual es que este último es escaso por definición, y finaliza cuando él muere. Una fábrica como la compañía Martin puede producir modelos limitados y ediciones especiales para coleccionistas durante generaciones.

14) Un aspecto cooperativo. Me gusta pensar que una diferencia importante entre los guitarreros artesanos y las fábricas es el grado en que su proceso de trabajo puede considerarse como una cooperación. Los primeros desean encontrar músicos capaces de apreciar lo bien que hacen su trabajo, y que puedan desafiarlos para realizarlo todavía mejor. Ésa es una asociación fructífera. Las fábricas necesitan por encima de todo vender guitarras, y generalmente prefieren asociarse solo con endorsers.

15) ¿Cómo puede uno saber de verdad si una guitarra es mejor o peor que otra? Un factor clave a la hora de emitir este tipo de juicio es el grado de educación y sensibilidad  del que juzga. Si esto no se entiende, no se podrá llegar muy lejos discutiendo diferencias. El consumidor no es un mero testigo en este debate sino un participante, aunque no sepa que lo está siendo. Para ilustrar esta idea, quiero dar un ejemplo que me ha ocurrido una y otra vez en mi experiencia reparando guitarras (y que estoy seguro que otros también habrán experimentado).

Un guitarrista me llamó para informarme de que su guitarra, que había funcionado correctamente durante varios años, ahora no afinaba bien. Sospechaba que las clavijas estaban desgastadas y resbalaban, y quería saber si yo podía sustituirlas. Le dije que sí, que trajera la guitarra a mi taller. Cuando llegó, la examiné y no encontré problemas: las clavijas funcionaban perfectamente, el puente no se había desencolado, los trastes y la cejuela no se habían movido, el mástil no estaba torcido; la guitarra no estaba dañada ni rota en ningún sentido; de hecho, todo estaba exactamente como debía estar. Lo que en realidad había sucedido es que el oído del músico había mejorado con el tiempo de modo que ahora sí era capaz de oír que la guitarra no sonaba afinada. De hecho nunca lo había hecho pero antes, simplemente, no había sido capaz de oír las disonancias.

Obviamente, una guitarra que suena afinada es mejor que otra que no lo hace; pero si uno no es capaz de oírlo entonces deja de ser un problema. Con un oído mejor, este guitarrista estaba listo para una guitarra mejor. Ese mismo crecimiento de las aptitudes para ver y oír basado en la educación y la experiencia afecta a nuestra capacidad a la hora de apreciar matices de detalle, sutileza y calidad. Pero hasta que un guitarrista alcance esa capacidad de discriminación, cualquier guitarra que tenga será suficientemente buena.